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Amistad

 

Sentimiento atesorado,                                                                                         
muchas veces definido, 
mas … jamás establecido
su justo significado.
Para algunos, consumado
en el don de la palabra,
decir profundo que labra
vastos surcos de expresiones
elocuentes emociones
manifiestas en el habla.   

 

 En otros, aprisionado                                                  
en silencios compartidos,                                    
en tiempos bienavenidos
largamente conciliados;
tiempos que fueron rimados
en los versos de la vida,
en armonía sentida
de música universal,
atesorado caudal,
elocuente sinfonía.

Con palabras o silencios,
con versos o melodías,
con tristezas y alegrías,
con sentencias o proverbios.
Amistades son misterios
que a las razones rehuyen,
entendimientos que fluyen
al compás del corazón,
en templado diapasón
sólidos lazos construyen.

la música de la amistad

El acceso

Los dos me miran, incrédulos. Claro, están asombrados de mi inusitada solidez. En un momento en que todos los materiales se descartan, se encogen, se adelgazan, se comprimen, para perder peso y ganar espacio, mi cuerpo sorprende a cualquiera. Tanto por el tamaño como por la forma. Soy alta, mucho más alta que la mayoría. Mi porte es esbelto, elegante, con esa gracia propia de la intrínseca nobleza. Soy ancha. Soy gruesa, robusta. Pero por sobre todas las cosas, soy bella. Mucho más bella que la mayoría. Mi rostro es tan delicado que puede hacer las delicias del pintor e inspirar a los poetas. Mis facciones exhiben el amor del artista y el del artesano. Mi piel, brillante y transparente, deja ver la corrección de mi contextura física. Todo esto me concede un aspecto de eternidad, de atemporalidad … algo así como que mi presencia está más allá de todos los tiempos, más allá del tiempo. Ahí vienen.
-¡Qué extraño! -dijo la muchacha, avanzando cautelosamente. ¡Qué puerta más pesada! -La tocó, al hablar, y se hizo más pesada de pronto, con un golpe.
-¡Dios mío! -dijo el hombre. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!
-A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha.
Pasó a través de la puerta y desapareció.

Un Amigo

La habitación oscura en esa calurosa tarde de verano. El llanto la ahogaba. Había ocultado sus lágrimas durante toda la mañana y en el transcurrir del almuerzo, mientras atendía a su familia. Ni bien todos se hubieron ido se encerró una vez más en su cuarto, ese refugio cada vez más cómplice de su soledad. Sigue leyendo Un Amigo

ARTILUGIOS LITERARIOS I – La filosofía y el pizarrón

-Dale Augusto, decinos cómo lo ves. Ya nos tenés hartos con la lata de lo medible y lo comprobable … ahora queremos saber cómo ves esto que tenemos todos los días frente a nosotros, cómo lo percibís, a qué lo encontrás parecido, con qué lo relacionás … ¡ETCÉTERA!. Sigue leyendo ARTILUGIOS LITERARIOS I – La filosofía y el pizarrón

La época de las moras

A Fernando

-¿Esto se come, señora?
-Sí, claro que se come.
-¿Todas?
-No, todas no. Mirá, ¿ves que la mayoría son chiquitas y están verdes?
-Sí.
-Bueno, esas no. ¿Pero ves estas otras, más grandes, amarillas y como transparentes?
-Sí.
Y ella depositó una mora blanca madura, en la palma de la manito extendida.
-Bueno, a ver, probá ésta.
-Mmmm … está rebuena.
-Yo estaba comiendo de aquéllas- dijo el otro muchachito, un poco más grande.
-Sí, se te nota- Y los tres se rieron, la mujer y el más chico mirando la boca teñida del más grande.
Medio colgada del árbol, ella seguía eligiendo moras; las dejaba en las manos de los chicos Sigue leyendo La época de las moras

A la orilla del sendero

Caminaba bordeando el lago Lácar por la ruta que conduce a San Martín de los Andes, en Neuquén, mi provincia. Era una espléndida mañana de invierno, fría, aunque el sol brillaba generoso en el cielo despejado. El paisaje allí es sobrecogedor por su belleza; la inmensidad del lago, que se esconde y emerge entre los pies de las montañas nevadas, cubiertas de pinos; el color azul del agua, cuya quietud espejaba todo; las plantas verdes, brillantes, limpias por la dedicación de la lluvia y la nieve. Un universo de aromas llenaba mis pulmones. Disfrutaba del saludable calor que la caminata producía en mi cuerpo abrigado, mientras montones de hojitas de escarcha cortaban mi cara. Sigue leyendo A la orilla del sendero