ZAPALA: ¿UNA CIUDAD EN EL DESIERTO?

 

Segundo congreso de historia

Junta de estudios históricos de San Juan

“regiones ciudades y provincias hacia el bicentenario”

San Juan, 26 y 27 de mayo del año 2009

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El siguiente trabajo se presentó en el evento del epígrafe:

 

JUNTA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LA PROVINCIA DEL NEUQUÉN

 

PONENCIA: ZAPALA: ¿UNA CIUDAD EN EL DESIERTO?

 

Licenciada Sara Eliana Riquelme

 

INTRODUCCIÓN

Esta exposición se encuadra dentro de la propuesta del Congreso de pensar en regiones, ciudades y provincias con motivo del bicentenario. La intención es referir las circunstancias en las que fueron fundadas muchas de las ciudades de nuestra provincia, Neuquén, hacia fines el siglo XIX y principios del XX.

Se ha tomado la ciudad de Zapala, por dos razones: una es que resulta paradigmática como “un pueblo fundado en el desierto, en el medio de la nada”, como se ha dicho de muchas de las ciudades de la Provincia del Neuquén y de la Patagonia en general; y otra es que en torno a su historia se ha realizado, en los últimos tiempos, un trabajo de investigación y registro, en el que me ha tocado participar, que ha dado como resultado la publicación del libro Zapala desafiando al desierto. Período territoriano 1885-1957.[1]

El Concejo Deliberante de la ciudad de Zapala nombró una Junta de Recupero Histórico de tres miembros: Federica Toscani, Mario Argat y Actriz Volk. Los dos últimos fueron designados miembros correspondientes por la ciudad de Zapala de la Junta de Estudios Históricos de la Provincia del Neuquén.  El día de su designación, luego de una emotiva ceremonia, se hicieron los acuerdos que me llevaron a integrar  el grupo con el que comparto la autoría del libro.

Por lo tanto, la historia local referente a la ciudad está basada en las investigaciones de estos miembros arriba mencionados. La recogida de datos, las entrevistas, los viajes a los centros de documentación, la indagación en todo tipo de fuentes, están encuadrados en el marco teórico que propone la historia oral y la historia local, Ésta, a su vez, se enmarca en la historia regional, y en este caso, se siguen las investigaciones de la doctora Susana Bandieri y su equipo, del Dr. Pedro Navarro Floria, las profesoras Gladis Varela, Mirta Teobaldo, y otros destacados profesionales,  en muchos casos, docentes de la Universidad Nacional del Comahue. La literatura publicada como resultado de esas indagaciones ha echado luz sobre la historia de nuestra provincia y  nuestra región, haciendo posible repensar algunos conceptos que habían sido indiscutidamente naturalizados.

 

DESARROLLO

 

La Provincia del Neuquén no puede hacer gala de apropiación del Bicentenario. De los doscientos años que cumple la Patria, sólo puede compartir apenas un poco más que los últimos cien. Su capital actual fue fundada el 12 de septiembre de 1904; la ciudad de Chos Malal, capital anterior, se fundó el 4 de agosto de 1887; y la que se señala como la más antigua es Junín de los Andes, fundada en 1883. Como todos sabemos, esta cruzada fundacional se realiza a fines del siglo XIX, dentro del programa denominado “La conquista del desierto” o “La campaña al desierto”.Y durante mucho tiempo ha sido muy común aceptar como indiscutible la idea de que los primeros asentamientos militares llegaron para poblar el desierto, y  al amparo de éstos irían ubicándose los primeros grupos humanos que conformarían las primeras ciudades patagónicas.

 

El vocablo “desierto”, de hecho, connota una doble significación; por un lado se refiere a un suelo árido,  con bajas perspectivas de desarrollo y escasas posibilidades de vegetación; por otro, remite a lugar despoblado, no habitado por humanos ni seres vivos. Muchos de los escritos de la época, crónicas que dan cuenta del desplazamiento que significó el arribo y la ocupación de estas tierras, por ejemplo, RECUERDOS TERRITORIANOS, de Ángel Edelman, por nombrar sólo uno de los más conocidos en Neuquén, se asientan implícitamente sobre la veracidad de esta doble significación de la palabra: militares, pioneros e inmigrantes llegaban a ocupar un lugar en el que no había nada ni nadie; Llegaban al desierto.

 

Una breve visita al sitio oficial del Ejército Argentino demuestra lo extensa y trabajosa que resultó esta cruzada, con un alto costo en vidas para ambos bandos. Seis mil hombres, organizados en cinco divisiones se desplegaron en forma de abanico y lucharon durante toda la segunda mitad del siglo XIX, llegando a su fin cuando el general  Vintter venció al lonco mapuche Sayhueque, ya casi en los albores del siglo XX. Este sencillo análisis nos muestra que la denominación de la gesta militar lleva en sí misma una contradicción, dado que si la campaña se hacía en un lugar despoblado de todo signo vital, ¿para qué se necesitaba desplazar tantos hombres para vencer al enemigo?[2]

 

Los objetivos del flamante Estado Nación eran amplios y muy variados. El reconocimiento y dominio de todo el territorio era quizás el más conocido, pero no el único. Otro propósito no menos importante y en estrecha relación con el anterior era detener el avance de Chile hacia el territorio patagónico y debilitar la presencia de población chilena en el área cordillerana. Y aquí vale detenerse para referir una serie de condiciones geográficas, históricas, sociales y poblacionales que se conciernen al territorio, como así también la conformación étnica de algunos de sus antiguos habitantes.

 

En la provincia de Neuquén, la Cordillera  de los Andes no se presenta como un gran macizo compacto, sino como una serie de elevaciones de menor altura que las máximas del país, con presencia de boquetes que fácilmente posibilitan  su paso hacia uno y otro lado. Los pueblos originarios, milenariamente habían cruzado por esos pasos del mismo modo que sorteaban cualquiera de los demás accidentes geográficos que abundan en la región; en otras palabras, la Cordillera de los Andes era para los nativos un accidente geográfico más, como la Cordillera del Viento o el río Neuquén, sin que ello significara que se trababa de otro país, por cuanto la división política se concretó mucho después de conformado el Estado Nación, y seguramente demoró mucho más en hacerse consciente en  un grupo de habitantes acostumbrados a desplazarse sin fronteras.

 

Una de las prácticas económicas ancestrales que dieron sustento a buena parte de la población del lugar, a ambos lados de la cordillera, fue la trashumancia. Siguiendo las posibilidades climáticas, familias completas se trasladaban llevando ganado en pie y sus derivados por sobre las rastrilladas, producto de su actividad agrícola ganadera emplazada en los faldeos cordilleranos. Esta práctica, afortunadamente aún se realiza en la Provincia, sólo que dentro de sus límites, y es posible ver a los crianceros con sus  piños desplazarse hacia las zonas altas en verano (veranada) y hacia las bajas en invierno (invernada). Algunos se ven ante la necesidad de comprar  pasto cuando no hay en abundancia y asegurar de ese modo la alimentación de sus animales.

 

 El tráfico cordillerano obedecía principalmente al intercambio de productos propios de cada región; entre tantas otras y como ocurrió en muchos lugares del mundo, una de las mercancías más preciadas fue la sal, a tal punto que así como a los pehuenches les da su nombre el pehuén, los habitantes de las salinas recibían el nombre de ese producto: chaziche, que en mapudugun, mapuchedugun o lengua mapuche, significa “gente de la sal”.

 

Después de la conquista de los españoles, esa práctica no se interrumpió, sino todo lo contrario. Con la introducción de nuevos bienes de cambio, especialmente nuevas especies de animales que se multiplicaban fructíferamente en la gran llanura pampeana ese comercio tomó dimensiones mucho mayores. Desde diferentes puntos de la pampa húmeda el ganado se trasladaba en extendidos arreos cruzando todo el territorio de Este a Oeste, atravesando la cordillera hasta llegar al Pacífico. Las investigaciones muestran, a mediados del siglo XIX, un tráfico de cuarenta mil cabezas de ganado anuales hacia el mercado chileno; se trataba de animales criollos cuya carne era faenada en saladeros para su posterior exportación.[3]  A este rubro principal se sumaban otros como sal, cueros, lanas, plumas, tejidos, y puede uno imaginar, cuanto objeto fuera factible de ser vendido convenientemente.

 

Todo este movimiento de humanos y animales iban dejando huellas en el terreno. Estas huellas se profundizaban por las marcas que dejaban las puntas de las lanzas al arrastrar, lo que les dio el nombre de “rastrilladas”. Las rastrilladas eran los caminos que  los vaqueanos imprimieron en el suelo, señalando los mejores vados en ríos y  arroyos y los valles más convenientes para la pastura durante el largo viaje. Esas rastrilladas fueron en muchos casos las antecesoras de las rutas nacionales, ya que siempre marcaban los lugares más adecuados para  el tránsito por el campo.

 

Este desplazamiento era protagonizado por habitantes de ambos lados de la cordillera, hoy diríamos chilenos y argentinos, pero más específicamente eran nativos y luego de la colonización, mestizos.  Si se atiende a la toponimia se advierte que los nombres en lengua mapuche cubren toda la región central de la República Argentina, en Neuquén, Río Negro, La Pampa y buena parte de la Provincia de Buenos Aires, y también de Chile, aproximadamente en la misma latitud. Por esto no es extraño que hubiera población “chilena” de este lado de la cordillera, y más aún porque en virtud de algunas políticas favorables del Estado argentino en relación con la obtención de tierras para el cultivo y la crianza de animales, sumado a otros factores de expulsión por parte del gobierno trasandino, como fueron la superpoblación rural condicionante de la explotación del campesino con más la tierra en manos de terratenientes, muchos elegían establecerse de este lado, aunque muchas veces asentaran sus hijos en el lado chileno.

 

Esta localización del registro civil se debía, entre otras razones, a una cuestión de distancia del Juzgado de Paz más cercano y a las condiciones en que podían trasladarse hasta el mismo. No hay que olvidar que durante el período territoriano, esto es entre 1885 y 1957, los Territorios Nacionales no estaban precisamente en el centro de las preocupaciones del gobierno nacional por lo que ejercían una muy débil presencia por no decir una ausencia absoluta, y las instituciones se fueron creando en la mayoría de los casos, como resultado de la buena voluntad de algunos ciudadanos, entre éstos, los jueces de paz y los comisarios de tablada.[4] Por lo tanto, es lícito concluir que dicho registro se efectuaría en esas mismas condiciones en épocas anteriores a la Campaña.

 

De manera que en cuanto acercamos la mirada a las formas de organización social y económica hacia el Pacífico antes de 1870, se debilita la idea de “desierto” para denominar el lugar al que llegaron el ejército y los pioneros.  Contrariamente, el Territorio del Neuquén fue visto por el Estado Nacional como un sector cuya preocupación primordial era afirmar la soberanía, no como un polo de desarrollo con inversión de capitales, y dada su posición mediterránea, sufrió desde un principio un aislamiento económico con respecto al resto del país y del extranjero. La campaña al desierto y la aplicación del modelo agroexportador con el consecuente reparto de tierras, generó una ruptura de la antigua organización socioeconómica indígena, al imponer la propiedad privada de los medios de producción  y modificar las relaciones sociales imperantes.[5]

 

La primera ocupación blanca efectiva en el territorio del Neuquén se puso en marcha con la expropiación de los terrenos indígenas y la puesta en valor del recurso tierra, inexistente dicho valor hasta entonces por la propia cosmovisión de los habitantes nativos. El proceso inicial de reparto y apropiación tuvo diferentes modalidades según cada área del espacio regional. Esta etapa coincidió con la ocupación estratégico militar, donde el “fortín” adquirió la forma de elemento espacial. Se trataba de asentamientos humanos muy simples, sin base económica consistente, pero con ubicaciones privilegiadas con relación a la disponibilidad de agua y de tierra. Van tomando forma, así, los primeros esbozos poblacionales que luego se convertirían en las ciudades del desierto: Junín de los Andes (1883), Chos Malal (1887), Las Lajas (1897), San Martín de los Andes (1898), por nombrar sólo algunas. 

 

En todo este proceso no se puede dejar de mencionar la importancia del ferrocarril, otro elemento resultante del modelo agroexportador  que se intentaba imponer. Recién nacido el siglo, en 1902, los rieles llegan a la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, y se extienden hasta Zapala en 1913. La finalidad era conectar la región con los centros de Argentina y orientar el comercio hacia el Atlántico. No obstante, toda esta infraestructura impuesta no logra, en sus inicios, desplazar las prácticas de comercialización social y comercial vigentes respecto de Chile. En el caso de Zapala, el comercio se vio altamente favorecido por esa doble entrada y salida Este-Oeste, a tal punto que en 1920 la ciudad reunía la producción e intercambio de toda la región, cobrando así una importancia inmensamente superior a la que tenía Neuquén, que desde 1904 se había convertido en la capital de la provincia y se situaba en la confluencia, una zona mucho más benigna y apta para el cultivo agrario.

 

Zapala se considera una ciudad de origen ganadero, no por el accionar de los protagonistas de la campaña al desierto o por el modelo económico impuesto por el estado nacional, sino por las prácticas previas a estos dos hitos de la historia. Sin llegar a la metáfora, se puede afirmar que literalmente el destino de esta ciudad marchaba sobre rieles hacia ambos lados del continente. Sin embargo, esta circulación se contraponía con los intereses del flamante estado, por lo cual desde 1922 comienza el proceso de cierre de la frontera por el accionar de gendarmería, lo que se concretaría finalmente en 1938. Asimismo, las medidas proteccionistas aplicadas al comercio en la década del veinte, con aranceles cada vez más altos, sumado a los acuerdos de control de cambio establecidos en 1931 eran los primeros pasos de un plan de gobierno nacional de cerrar definitivamente la frontera con Chile. Todo esto ocurría mientras por parte del gobierno chileno se desarrollaba un plan de repatriación de los ciudadanos residentes en Neuquén, por lo que muchas familias emigraron temporariamente de la región, dado que debieron regresar ante la imposibilidad de resolver allí sus problemas socioeconómicos. Esto provocó la disminución del volumen de cabezas de ganado producidas por la reducción de una generosa superficie de tierras destinadas a la ganadería. Llegaba a su fin el auge de Zapala como pujante ciudad dedicada a la ganadería y al comercio, como resultado de las medidas implementadas por los gobiernos de Argentina y Chile.[6]

Si se estudia hoy el mapa poblacional, se advierte claramente al proceso de urbanización que se ha dado en la provincia, con la concentración de la inmensa mayoría de la población en la ciudad capital. En toda la provincia se cuentan más de  500.000 habitantes, pero de éstos, más de 400.000 habitan en la capital. En el interior, las ciudades del desierto no crecen en la misma proporción.

 

Un proceso similar, ascendente y descendente, sucedió con el ferrocarril, otro de los elementos que caracterizaron la época. Eduardo Talero, Gregorio Álvarez, son poetas que registraron con pasión la llegada de ese gran monstruo del progreso. Y lo fue, durante algunos años, hasta que las malas administraciones lo convirtieron en un medio inconveniente, deficitario, al punto de declararlo obsoleto y quitarlo del paisaje, dejando a los pueblos que surgieron a sus costados en la orfandad e incomunicación  más absoluta.

 

Los románticos de la Generación del ’34 diseñaron el modelo de país que llegó a aplicar las políticas liberales y el modelo agroexportador. Alberdi, uno de sus intelectuales más destacados, dijo “Gobernar es poblar”; pero paradójicamente, las medidas implementadas a fines del XIX para poblar llevaban consigo una paradoja: tenían como requisito previo el despoblar. Todas las acciones de gobierno, a partir de la década del 40,  llevaron a las ciudades del desierto a estar cada  vez más despobladas. Y es así como aún hoy la población de la Patagonia ronda  un habitante por kilómetro cuadrado.

Sarmiento, otro de los intelectuales románticos, bregó por el alcance de la civilización y por la superación de la barbarie; en nuestra región, no pudo cumplir ninguno de sus dos propósitos. Afortunadamente, la barbarie no ha podido ser exterminada y hoy conforma nuestra etnia en un porcentaje mayor que el que muchos estarían dispuestos a reconocer. Y todos estamos esperando la civilización, que se demora mucho en llegar.

 

CONCLUSIÓN

En este trabajo se ha intentado poner en discusión el concepto de “desierto” tan arraigado, como suelo árido, improductivo, y también como lugar inhóspito, desabitado. Hoy, la posibilidad de mirar nuestro suelo desde un satélite nos muestra a Neuquén como una de las provincias con mayores reservas de agua. Con muy escaso trabajo de irrigación, nuestro desierto se ha cubierto de frutales como los desiertos de San Juan y Mendoza se cubrieron de vid. En nuestra provincia, en zonas donde nadie hubiera creído que podría ver crecer vegetación, hoy se cultivan vides o soja. Y con respecto a la población, voy a tomar las palabras del escritor Esteban Valentino y el título de su cuento, que da nombre al libro que reúne las obras de una compilación: nuestro desierto era “Un desierto lleno de gente”. Además, las continuas inmigraciones y migraciones internas han demostrado que es tan extenso que con comodidad hay lugar para todos.

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

Susana Bandieri, «Ampliando las fronteras: la ocupación de la Patagonia», en El progreso, la modernización y sus límites (1880-1916), Nueva Historia Argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 2000.

 

Bandieri, Susana, “Del discurso poblador a la praxis latifundista: la distribución de la tierra pública en la Patagonia” CEHIR – UNCo CONICET disponible en internet http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar:9673/mundo_agrario/números/número11

 

Expediciones y campañas al desierto. (1820 – 1917) Sitio oficial del Ejército Argentino disponible en dominio:  http://www.rs.ejercito.mil.ar/contenido/Estructura/Nro651/Revista/histomili.htm

 

Navarro Floria, Pedro y otros, El gran libro de la Patagonia, Buenos Aires, Planeta, 1997

 

Teobaldo M. y García A.B., “La educación entre la inmigración y el nacionalismo” 1884-1930 pg. 169 en Sobre maestros y escuelas. Una mirada a la educación desde la historia. Neuquén 1884-1957, Rosario, Edit. Arca del Sur, 2000.

 

 

Varela de Fernández, Gladis, “El comercio en el territorio del Neuquén entre 1893 y 1902”, Boletín del Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Comahue, Julio-Diciembre 1984.

 

Volk, Toscani, Argat y Riquelme, Zapala desafiando al desierto. Período territoriano 1885-1957, Cipolletti, Gráfica Parigiani. 2008

 

 


[1] Volk, Actriz y otros, Zapala desafiando al desierto. Período territoriano 1885-1957, Cipolletti, Gráfica Parigiani. 2008

[2] Expediciones y campañas al desierto. (1820 – 1917) Sitio oficial del Ejército Argentino disponible en dominio:  http://www.rs.ejercito.mil.ar/contenido/Estructura/Nro651/Revista/histomili.htm

 

[3] Navarro Floria, Pedro y otros, El gran libro de la Patagonia, Buenos Aires, Planeta, 1997, pg. 571.

[4] Teobaldo M. y García A.B., “La educación entre la inmigración y el nacionalismo” 1884-1930 pg. 169 en Sobre maestros y escuelas. Una mirada a la educación desde la historia. Neuquén 1884-1957, Rosario, Edit. Arca del Sur, 2000.

[5] Bandieri, Susana, “Del discurso poblador a la praxis latifundista: la distribución de la tierra pública en la Patagonia” CEHIR – UNCo CONICET disponible en internet http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar:9673/mundo_agrario/números/número11

[6] Varela de Fernández, Gladis, “El comercio en el territorio del Neuquén entre 1893 y 1902”, Boletín del Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Comahue, Julio-Diciembre 1984.

Segundo congreso de historia

Junta de estudios históricos de San Juan

“regiones ciudades y provincias hacia el bicentenario”

San Juan, 26 y 27 de mayo del año 2009

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