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El bosquejo – IRMA CUÑA

Padre: yo intento dibujar Tu forma
al perseguir Tu sombra en las arenas.
Alguna vez Te detendrás y entonces
completaré el perfil, si Tú me dejas.

Padre: Tu sombra sobre el viento he visto,
larga, muy larga sobre un solo soplo,
y he retenido sobre el agua un rasgo
de tu mano veloz: un trazo solo.

¡Cuándo te detendrás! Tengo un bosquejo
desmesurado y simple de Tus pasos.
Voy retocando y siempre me equivoco.
¡Detente al fin, que he dibujado tanto!

en NEUQUINA ( 1956)

CUANDO LA VOZ CAE – IRMA CUÑA

I

Nos distraemos
cuando la luz cae desde más lejos que la luna blanca,
desde mucho más lejos que los mundos.

II

Decir era la flor,
el aire entero,
las caracolas altas
y unas palmas.
Cuando venía a sorprender el aire
la arena breve.
Decir eran los ángeles atentos
y dos pájaros blancos
y unas algas
atravesadas por la sal inquieta.
Decir era una vena,
sangre toda
encauzada en auroras y gargantas.

III

Si levanto mi voz es que está sola
y nos sorprende el alba
a nosotras, mi voz y yo,
distantes
en la no prevención de tener alma.
Ignoramos la prisa,
largos vientos,
hemos visto pasar las caravanas.
(Unos iban a pie, otros en alas.)
Pero igual es decir raíz que vuelo,
no hay apuro en verdad detrás del ansia.

Estremecido atardecer espera
la misma soledad acostumbrada.

IV

Noche es ya. Noche entera.
La voz se ha levantado para cortar las ramas.
Precipita dos pájaros nocturnos
y se le olvida un nido.
Noche alzada.
En la actitud desvelo y muchedumbre.
Esta la voz no alberga telarañas
sino las juega al viento, y el él arden,
estrellas celulares, sin galaxias.

(1963)

Una fotografía de Jorge L. Borges (calideJacobacci)

El derecho mirando hacia el horizonte,
y la nada laberíntica.

El otro ojo hacia el cielo, observando el celeste total
de su ceguera infame.

Las cejas elevadas,
de burlador mítico,
orillero.

La boca entreabierta,
cansada,
de justificar ficciones.

Su nariz en sombras,
de postularse entre héroes lícitos y malevos.

El rostro burlón, acorralando un poema infinito,
adivinado por su voz,
de incansable viajero de las palabras.

(1989)

“Gringos” y “negros” Por Ezequiel Adamovsky *

Si uno pudiera analizar muestras del 20 por ciento más pobre de los argentinos y del 20 por ciento más rico, hallaría diferencias bien visibles. Además de la obvia –la de sus ingresos y todo lo que viene asociado con ellos–, otro contraste evidente sería el del color En Argentina, la jerarquía que da el dinero coincide casi perfectamente con la que da el color de la piel. Existen varios motivos históricos para esta superposición de la clase con la “raza”. Uno, no menor, es que las elites que en el siglo XIX organizaron el país tomaron decisiones económicas y políticas que terminaron beneficiando más a los inmigrantes europeos que ellas mismas convocaron, que a los nativos de este suelo. Mientras se exterminaba a los indios y se empobrecía a las zonas del interior, que tenían mayor presencia de mestizos, la región pampeana encontró el camino a una gran prosperidad. Allí y, en general, en la mayoría de las zonas urbanizadas, los europeos recién llegados y sus descendientes terminaron aprovechando las mejores oportunidades. El proyecto de la elite también estuvo acompañado de una poderosa ideología que se impartió desde la escuela y por todos los medios disponibles. Desde tiempos de Sarmiento, todo lo criollo, lo indígena y lo “negro” pasó a considerarse un signo de “barbarie”, un obstáculo en el camino a la “civilización”. Con el tiempo esta dicotomía se volvió sentido común en la Argentina, que aprendió a pensarse como un país blanco y “europeo”. “Los argentinos descendemos de los barcos”, dice el refrán, a pesar de que la mayoría de la población actual del país lleva sangre no europea en las venas. El ocultamiento de la “negritud” bajo el mito de la Argentina blanca fue y sigue siendo una forma de racismo implícito. Pero toda vez que “los negros” se hicieron notar en la historia nacional, el racismo se manifestó de manera más explícita. De ellos se acordó la cultura dominante cuando deploró las montoneras que secundaban a los caudillos o los “cabecitas negra” que apoyaban al peronismo. Los prejuicios raciales todavía contribuyen a reforzar el sesgo racial en la desigualdad social que heredamos del siglo XIX. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en otros países, de esto en la Argentina no se habla; se trata de un tabú, porque se supone que aquí “no hay racismo”.

El reciente conflicto entre los empresarios rurales y el Gobierno hizo visible la “cuestión racial” como nunca. Los medios repitieron hasta el hartazgo las manifestaciones de odio a la Argentina “blanca” y rica de Luis D’Elía y la trompada que le propinó a un cacerolero. Universalmente se cuestionó a D’Elía como “autoritario” y “violento”. El escenario político quedó simbólicamente dividido entre, por un lado, un gobierno peronista apoyado por (o manipulando a) negros pobres, y por el otro, lo que los movileros de la TV llamaron sencillamente “la gente”. Pocos se hicieron eco de la explicación de D’Elía: que quien se ganó el golpe ese día venía gritándole “negro de mierda”. De hecho, la catarata de desprecio a “los negros” por parte de los que salieron a cacerolear por el campo fue tan intensa, que varios diarios lo consignaron en sus reportes. Los propios prejuicios raciales que expresaron algunos movileros se hicieron tan notables, que motivaron una inédita resolución de protesta del consejo directivo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

Aunque sigamos negándonos a reconocerlo, la sociedad argentina está dividida según líneas de clase y de color de piel que existen desde hace mucho tiempo. El racismo contra lo nativo, lo criollo y lo negro está allí desde que la elite hizo de él su bandera “civilizatoria”. Desde entonces se utiliza el odio racista para desacreditar toda participación de las clases populares en la vida política. Aunque hoy nadie lo recuerda, también a Yrigoyen se acusó de ser caudillo de “los negritos”, mucho antes de los estereotipos del peronismo como “cosa de negros”. Mal que les pese a quienes golpearon cacerolas estos días –y también a los productores rurales que se autodenominaban “los gringos” como para distinguirse de los otros piqueteros, los “negros”–, la democracia no es una mera forma de gobierno, sino el gobierno efectivo del pueblo. Y en Argentina el pueblo no se compone sólo de personas con medios económicos, “cultura” y un color aceptable a ojos de los más blancos. Se piense lo que se piense de este gobierno o de las costumbres de D’Elía, resulta demasiado hipócrita mirar el autoritarismo y la violencia de unos, sin advertir que están conectados por hilos invisibles con el racismo, el odio a los pobres y el carácter profundamente antidemocrático de muchos argentinos (incluyendo a los que se imaginan que son tolerantes, educados y democráticos). Llegando ya al Bicentenario, se impone hacer un debate sincero sobre la desigualdad y sobre la relación entre lo “gringo” y lo “negro” en nuestra historia y en nuestro presente.

* Historiador, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), investigador del Conicet.

Alejandra vs. los nenúfares (A Alejandra Pizarnik ) – fishcake

Posiblemente habría muerto en andas de la lluvia
delante de ellos, dándole un corte de manga
a quienes perseguían su pindonga truculenta
en los espejos diurnos de la noche.

Bueno, a pesar de todo, no intentó quedarse
en los salones gallineros para oírlos;
pero, aun así, sus sentidos miniaron el silencio;
los oyó en su versión de alas, de altura en verso libre;
en insondable salto de palabra exacta, pura y flexible;
en sabia cólera e insufrible vértigo de ascenso y gloria
con su cascada pértiga.

Puedo verla llegar, a gritos de alma,
para una solitaria fiesta de tristeza;
yendo, de abajo a arriba, en el secreto abierto
del árbol del dolor, contra los pájaros
migrantes de la noche, en aproximaciones mínimas,
para entender los últimos fracasos del día
en un informe puro de tinieblas.

Riachuelo (fishcake)

La historia del Bosch lo deja pegado a una tragedia: a las 6:05 del 12 de julio de 1930, confundido por la espesa niebla, el conductor del tranvía 105, que realizaba el recorrido Lanús-Retiro, no advirtió que el puente estaba levantado para permitir el paso de un barco, siguió su marcha y el tranvía cayó a las aguas del Riachuelo. Murieron 56 de los 60 pasajeros que transportaba el tranvía. En su mayoría eran obreros que se dirigían a su trabajo. (Wikipedia)

Crónica de la bruma

El río de oro llora en los peces difíciles
inemociones y leyendas que pocos conocen
mientras bajo el pesado puente oxidado
una mujer fantasma reflota un tranvía
con sus dientes de seda de luna de suburbio
nadie parece ver cómo su larga cabellera
enciende tornasoles sobre el terraplén

el río de oro canta su arrabal amargo
bajo los puentes levadizos de la muerte
mientras el agua detenida recompone espacios
y el bandoneón final deletrea el fracaso
de la fiesta del fósforo a la orilla del sepulcro
contemporáneo de lágrimas y olvidos
de crónicas marchitas y tragedias

Fue ( estephario )

Este hombre sale a la calle con dos mil años de rollo apretándole la hernia la gorda tripa que expone al empedrado y parpadea por el pie sobreinformado le tiembla y trastabilla
un querer un peso demasiado hasta hacerlo caer “a la mejilla” con gran dedicación a las baldosas y asido sin remedio a la vereda se acumula en sí mismo se rasga la camisa de fuerza tal que ¡basta! arguyen los botones se alza en un manojo de gárgaras y grita el percudido un silencio a capella sangrando un embutido de stress por la fonola aquella donde supo tutearse con “el mudo” el sensiblero que le escupió unos targos de raja y rompe la telita de su novia le asiste los recuerdos en algún rincón de su diafragma que ahora sí le sopla tanto el alcohol y el bandoneón que lo afectó de chico y entre venas que cavan y una arteria que aorta no dio más no pudo más…

Cuando llegó ambulancia con cinco semáforos en rojo una goma pinchada y un médico con walkman graduado en la quebrada de humahuaca escuchando a “Police”.

Memorial de una épica campaña ( estephario )

1

¡A la decadencia! ¡A la decadencia!

Mano firme con los infieles y a la mierda el naturalismo.
Aquí el único que se salva es “El Naturalísimo Flanco Dere”
Después, todo Roca. Roca, Cemento y Roca.
Que la Gran Muralla abarque ancho y largo de ese desierto.
Nos iremos para arriba y a la lona.

No quiero respirar ni un granillo de arena.
No quiero ni una fisura por donde se filtre el ventolín histórico o algún grito de ascencio.
Roca, piedra, perogrullos. ¡Pero nada de mangrullos!
Allí nadie va a ir a vistear o a buchonear.

Pura Roca y Cemento: Grandes Volúmenes de Roca.
Que se divisen desde el Alto Palermo hasta el Cabo Rosti por lo menos.

Rocas Argentinas hasta el fin.

2

Y a la húmeda de la pampa ¡También llegaremos! Cal, Ceresita y Gofio.
Habrá que destemplar los yuyos, que no quede ni una maceta en pie.
Lo quiero todo liso, liso y brillante a ese solar. ¡Linda Playa de Estacionamiento! en ese desperdicio bárbaro, desmesura de inciertos pajonales.

Y nada de ¡Oh! campo Traviesa. Las damas literarias estarán prohibidas en ese confín, y más por dinero: “Los juegos de Damas por dinerillos serán seriamente reprimidos con penas de hasta cuatro años de añejamiento en familia”. He dicho.

¡Y GUAY! con el escupir pa’ arriba que también es penalizado, pues cae luego de su elipse el esputo sobre los nosotros mismos y prodúcese la temible “Alambrada en un mismo Ser” (ontológica fiebre que impide el buen atravesamiento del desierto).

Ahora: ¡Oh campo Fuera! Fuera menos punible por fuerza de mayor razón, puesto que la escrituraria tórnase más libertaria por desencadenarse en un circulito perimetral cuasi marginal al confín travieso.

Entonces: en el irse pa’ juera está.
No deben limitarse mujer ni hombre en un solo atravesar “Suo Campo Lírico”.
Véase al respecto como figura retórica “El esculpirse pa’ dentre” que así diz:

Resulte queste al fablar
en su onanismo lídico
a de trovar.

E la bola nostra
se fase mui muito difícil
de trasladadar.

3

En camino
el sol abrasaba palestinos.
Pletóricos de desconcierto:

¿Dónde queda ese desierto…?

¡Tártaro!

4

A los nuestros visigodos:

“No se dejen ungir la cabeza por el Febo del desierto.
Si no alcanzan los casquetes, háganse lamer la bocha por la vacas.
Las más oriundas de estos pagos: Las Lord Chesseline”.

5

Recuérdenle a la Gavilla Aérea que no quiero flojas junturas en el firmamento.
Quiero todo el cielo bien enjabelgado y pintado de azul a plomo.

6

En cuantito me lleguen ¡Nada de mate cocido!
Que nadie ose deponer el ornamento.

En ceremonia entonen las estrofas del Himno Nacional.
Y leven bien alto los patrios pendones.
Y leven bien alto los patrios.
Y leven bien alto los
Y leven bien alto
Y leven bien
Y leven
Y leven.

Des
pués

T
u
e
l
f

7

A propósito, Supositorio.
¿Dónde fueron a parar los milibares?
¿Qué han hecho con los famosos milibares?
¿Qué es esa pelotudez de los hectopascales?
¿En qué barómetro está escrito…?

¡Yo quiero de nuevo a los MILIBARES!
Quiero que me restituyan a los desaparecidos milibares.
Y al primer meteorólogo que me reivindique un pascal
me lo mandan al repechaje
y le bajan la mínima
hasta el subsuelo.

8

Hay gente que lo está gritando todavía
Hay gente que sigue agitando sus pañales ¡Todavía!
Y no es para menos, si con su gorda brocha le pintó la cara a los piratas
¡Y eso no es joda!
“Cara de krill” les decía, y después se los pasaba por el navío en la bodega del bajel.

Hay gente que lo está gritando todavía.
Fue una tarde apoteótica. La placita Rivero (ahora Puerto Argentino desde que plantaron sarmientos en los canteros) desbordaba de argelinos que agitaban sus pañales al grito de: “ES PRON CEDA ES PRON CEDA”.

El locuaz Espronceda, dueño como era de una cristalina oratoria, al ver a los argelinos pisoteando los canteros de la placita les espetó, emocionado, su máxima, aquella que
torcería para siempre el rumbo de la épica de narrar en nuestro zócalo patrio.

La mampostería era esta: La Ex Rivero; Los pañales; Los canteros; Los argelinos. Y, al fin, el Espronceda –el arrobado o ha robado de las musas- seguro de sí mismo les espetó desde el balcón:

“¡TÁRTAROS…! LOS SARMIENTOS NO SE PISAN”

9

Vigilar bien en el callar apasionado de los versos vecinos.
No nos podemos dar el lujo de perder otro Espronceda.
Otro Almirante borracho con inoportunos etiles en sus venas.

10

– A propósito, Supositorio ¿Al astronauta Janglin no se lo vió más por el casino de oficiales?

– Qué va’ a ver, qué va’ a ver. Si tuvo un Brote Psicótico Satelital Tubo, justo cuando estaba a punto de alucinar en la pampa. Todo por culpa de un alcaucil General adicto a la alcachofa.

-No joda… Pobre Otto Janglin.

-Sí, pobre Otto, típico caso estallado de identidad.

¡Ahora sí, Supositorio!

ALL TOGETHER:

“OTTO HÉROE NATIONAL”

(inmolado en el nombre de la épica)

estephario

DÉCIMAS DEL PICHACHÉN

A la memoria de Don Gregorio Álvarez

Estas décimas se escriben con motivo de las JORNADAS BINACIONALES DE HISTORIA POR EL BICENTENARIO DEL CORREDOR BIOCEÁNICO, PASO PICHACHÉN. Se trata de una producción intertextual en base al capítulo «Expedición de Don Luis de la Cruz» de Gregorio Álvarez. A su propio trabajo de investigación, este autor agrega la transcripción publicada en 1937, Anales de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, Tomo V, que «se ocupa con más extensión y autoridad científica, del viaje de don Luis de la Cruz a través de la cordillera, el Neuquén y las pampas, en un artículo que publica el conocido antropólogo don Salvador Canals Frau». Sigue leyendo DÉCIMAS DEL PICHACHÉN

Violeta Parra

Violeta Parra y la décima espinela 1

 

A los que nos gusta la poesía sin establecer diferencias entre verso libre y estructuras regulares, difícilmente leamos o escuchemos una décima espinela sin conmovernos hasta la médula. Esta forma poética, tan cara al cancionero popular de juglares y trovadores, lleva siglos ordenando el canto de muchos poetas hispanohablantes.  Un ejemplo de esto son los payadores, que van organizando su improvisación poética sobre ciertas disposiciones más o menos fijas,  con mucha habilidad y talento.

 

Entre las poetisas americanas, ha sido Violeta Parra quien ha cultivado esta forma. Si bien no observa estrictamente la rima consonante que por definición correspondería,  su creación me parece una de las más hermosas, tanto por la musicalidad innegable que proponen los versos como por los conceptos que en ellos despliega. Me refiero puntualmente a su poesía con música “Volver a los 17”.

 

Sin embargo, he visto que en muchos sitios de la web se publica la letra de esta conocida canción sin respetar su estructura en décimas. Aparece tanto en quintillas de dieciséis sílabas como en cuartetas, agrupadas de a dos, con una especie de cierre en verso pareado, antes del estribillo.

 

En mi opinión, esta innovación perjudica la creación de Violeta, y desvirtúa la esencia de la poesía chilena y latinoamericana. Por cierto, la décima es una estructura muy arraigada entre los compatriotas de Neruda, y la practican con mucho éxito tanto grandes poetas consagrados como cantores populares con escasa o ninguna fama. Con esto quiero significar que es una pieza que pertenece a la cultura y a la tradición de un pueblo en particular y también al resto de América, porque ella ya nos pertenece un poco a todos. Por lo tanto, publicar esta obra sin respetar su estructura, me parece un error y una omisión perjudicial, y por sobre todas las cosas, innecesaria.

 

Por eso, desde “DECIMARIO”, quiero que Violeta, con su estrofa de diez versos, ilumine y ponga música al blog. Antes le damos la bienvenida con sextinas hernandianas.

 

Decir VIOLETA es oír
los pájaros en el cielo,
es cultivar el anhelo
que el amor deja en el alma,
es escuchar en la calma
la tormenta del desvelo.

Pero todo aquél que toma
una guitarra y canta
no sólo penas espanta
y dignifica el folclore;
además, le rinde honores
a nuestra bella calandria.

 

Te escuchamos, Violeta …

 

 

VOLVER A LOS 17 – de Violeta Parra

 

Volver a los 17
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente
volver a ser de repente
tan frágil como un segundo
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios
eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.

Estribillo
Se va enredando, enredando
como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando
como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra
Ay, si, si, si.

Mi paso ha retrocedido
cuando el de ustedes avanza
el arco de las alianzas
ha penetrado en mi nido
con todo su colorido
se ha paseado por mis venas
y hasta la dura cadena
con que nos ata el destino
es como un diamante fino
que alumbra mi alma serena.

 

Estribillo …

Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber
ni el mas claro proceder
ni el mas ancho pensamiento
todo lo cambia el momento
cuál mago condescendiente
nos aleja dulcemente
de rencores y violencias
solo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes.

 

Estribillo …

El amor es torbellino
de pureza original
hasta el feroz animal
susurra su dulce trino
detiene a los peregrinos
libera a los prisioneros
el amor con sus esmeros
al viejo lo vuelve niño
y al malo sólo el cariño
lo vuelve puro y sincero.

 

Estribillo …

De par en par la ventana
se abrió como por encanto
entró el amor con su manto
como una tibia mañana
al son de su bella diana
hizo brotar el jazmín
volando cual serafín
al cielo le puso aretes
y mis años en 17
los convirtió el querubín.

 

(1964 – 1965)

 

1) Décima: estrofa de diez versos octosilábicos (de ocho sílabas)

Espinela: Toma este nombre porque su creador fue Vicente Espinel (1551 – 1624).Tipo de rima: consonante (rima perfecta) de estructura  ABBAACCDDC.