Sara Eliana

Blog de literatura

“Caricias” de Eduardo Talero

 

                                      A Carlos Arturo Torres

 

 

Cuando surjan en el cielo las auroras sonrosadas

con desorden de matices en sus vívidos cejales

es que salen de la orgía con los astros, embriagadas

con bebidas luminosas derramadas en sus trajes.

 

Nacido en Rosario , Provincia de Santa Fe, Argentina, el 27 de Enero de 1944.

Cuadro de Vicente Callaci, pintor argentino nacido en Rosario , Provincia de Santa Fe, Argentina, el 27 de Enero de 1944.

 

 

Desgreñadas en el aire galopando van las Nubes

a sus citas amorosas en incógnitas regiones,

con los Rayos ardorosos: ¡los satánicos querubes!

que las aman con tormentas, con eléctricas pasiones.

 

En la Noche la caricia deja huellas de su imperio

porque todas las estrellas son caricias en derroche:

florescencia de los besos congelados que el Misterio

ha posado suavemente en el rostro de la Noche.

 

El silencio también ama. Cauteloso, con pie breve.

Busca amores clandestinos en el alma de las cosas.

Y en las ruinas, y en las rocas, y en la solitaria Nieve

riega gérmenes extraños de existencias misteriosas.

 

Las caricias del océano son más férvidas y locas;

¡hay cantáridas salobres en los besos de los mares!

Sus espumas destrozadas contra el filo de las rocas

son de vírgenes violadas, blancos tules y zahares.

 

El deleite de los bosques lujuriosos, estremece

las melenas centenarias de los árboles soberbios,

y su aliento de caricia que en las ráfagas se mece

crispa fibras y raíces como músculos y nervios.

 

Cuando el césped amanece tras las noches estivales

purpurado con la sangre de los pétalos caídos,

esas manchas son las huellas de caricias pasionales

y de excesos de los Vientos con las Rosas cometidos.

 

Los gentiles trovadores de los nidos, con sus alas

se acarician y se abrazan y se punzan los deseos,

y en las notas cristalinas de sus rítmicas escalas

con románticos arrullos mezclan lúbricos gorjeos.

 

 

 

¡Oh qué intensa y soberana la caricia en los cubiles!

¡Oh qué augustas son las fieras con sus ímpetus de fuego!

Cuando el roce  de sus pieles temblorosas y febriles

da a las garras la blandura de la súplica y el ruego.

 

Como todo lo que existe, desde el átomo hasta el astro

la mujer acariciada tiene dulces atracciones,

y el cordaje de sus nervios en sus curvas de alabastro

es ebúrneo clavicordio de frenéticas pasiones.

 

 

 

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Cristina, su sociedad más igualitaria y la delincuencia.

 

“Hoy somos una sociedad más igualitaria que la semana pasada. …Miles habían conquistado los mismos derechos que yo tenía”.  Así se expresó Cristina en el acto de promulgación de la ley en la Casa Rosada.

 

Se promulgaba la ley de matrimonio homosexual, como cierre de un proceso por todos conocido, en el que no estuvo ausente la intervención de los medios y una manipulación política entre Cristina versus La Iglesia para darle al tema una preponderancia que está muy lejos de tener en el imaginario social del país y en los intereses y las necesidades inmediatas de los habitantes. Escuchando a la presidenta, cualquiera que no conoce la vida actual de los argentinos podría llegar a suponer que aquí se les arroja piedras  por la calle o se intenta colgar en la plaza pública a las personas que eligen a otras de su mismo sexo para entablar relaciones.

 

No se trata de desmerecer el interés y la preocupación del ejecutivo ni el trabajo de los legisladores  por esta minoría; muy por el contrario, me parece saludable que se blanquee una situación que se da de hecho, lo cual permitirá abordar  dentro de la ley cualquier circunstancia que así lo requiera, como corresponde a una nación que pretenda regirse en el marco del estado de derecho. Sin embargo,  considero que habría que preguntarle a la mandataria en qué lugar se encontraba cuando pudo advertir “una sociedad más igualitaria”. Porque las desigualdades que están desintegrando a la sociedad argentina no se generan en las preferencias de los homosexuales ni en los perros que están sobrando por las calles, motivo de la nueva polémica.

 

El 9 de julio de 2010 fui asaltada y brutalmente golpeada al intentar ingresar a mi casa. Si no hubiera sido por la intervención oportuna de unos vecinos no sé si estaría aquí escribiendo esta nota. Intervino la policía, el hospital, gran despliegue. Conjuntamente con los vecinos, que oficiaron de testigos, identificamos al agresor con nombre y apellido. Días después, y tras muchos empeños de averiguación, pude constatar que una vez armado el expediente pasó al juzgado que corresponde y allí seguirá la causa.

 

Por estos días mi vida está centrada en concurrir a todos los especialistas que en base a las heridas que el agresor dejó en mi cuerpo y en mi mente pueden ayudarme a demostrar que he sido víctima de maltrato. Mientras tanto, el atacante y quienes lo ayudaban se desplazan con tranquilidad absoluta por el barrio, a vista y paciencia de todos.  Al comentar el incidente a los ocasionales interlocutores comienza la antología oral de hechos similares, y el escepticismo de los relatores respecto de la posibilidad de obtener una solución justa para este acto delictivo.

 

¿Será ésta la sociedad más igualitaria que invoca Cristina? ¿Cómo se puede hablar de sociedad más igualitaria cuando todo el aparato judicial, con su operatoria, metodología, instrucción, llámese como se llame, parecen estar puestos al servicio de los delincuentes? ¿Tienen más derechos los delincuentes que quienes –al menos todavía- no hemos sido acusados? Debo aclarar que mi agresor es un visitante asiduo de comisarías y hasta un huésped destacado dentro del penal provincial.

 

Señora presidenta, señores ministros, legisladores, gobernadores, intendentes: el país se desintegra material y moralmente. Se ha instalado una cultura de la delincuencia tal,  que la situación de inseguridad es el común denominador más destacado de todos los argentinos. Mientras tanto, en la Cámara Alta y la Baja cuesta un Perú conseguir el quórum, pasamos días enteros desarrollando brillantes exposiciones sobre temas que si bien son importantes para el buen funcionamiento social, no son de imperiosa urgencia.

 

La revisión de las leyes que regulan el procedimiento policial y judicial, el alcance y las características de las condenas, tantos temas que no puedo determinar porque no me alcanza el conocimiento jurídico, bien podrían ser motivo de preocupación para el ejecutivo y proponer su análisis en el Congreso. Basta con escuchar a la gente que uno tiene alrededor para enterarse del grado de delincuencia que castiga la existencia cotidiana, pero hasta donde yo sé, a nadie se le ha ocurrido tomar cartas en el asunto y generar la discusión para ver cómo se puede abordar un problema que deja todos los días un reguero de muertos por la calle. ¿Qué clase de país les pensamos dejar a las generaciones venideras? Porque nosotros … ya estamos de vuelta.

 

 

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“Ensueño” de Eduardo Talero

De Domuyo

 

 

Dicen que en sus ensueños de delito

el anarquista Satanás quisiera

ver sobre el ataúd del infinito

hecha cadáver la creación entera;

 

Y en ese funeral horripilante,

velado por glacial melancolía,

trémulo, como cirio agonizante,

el sol con luz amarillenta y fría.

 

Y sobre aquél cadáver, inclinado,

puesta la mano en la angustiada frente,

con la infinita sombra ya enlutado

¡sollozando el Creador Omnipotente!

 

Que formaran los cantos funerales

del viento melancólicos suspiros

y que brotaran formas sepulcrales

para danzar en caprichosos giros.

 

Lívido el mar, inanimado y yerto

en ataúd de rocas sepultado,

como por losa funeral cubierto

con su rígido dorso congelado.

 

A la tierra, –sepulcro derruido-

la humanidad rodando macilenta,

con su orgulloso corazón herido

y su mortaja, de rencor sangrienta.

 

Y    que los astros que en la noche giren

parezcan ser pupilas del misterio,

o fuegos fatuos que pavor inspiren

en aquel infinito cementerio.

  

 

Ecos de tempestades funerarias

en alas de las brisas gemidoras.

Y enlutadas –en tumbas solitarias-

con harapos de noche, las auroras.

 

Y después … qué furiosas convulsiones

agiten la materia disgregada,

y qué trombas inmensas de pasiones

¡la arrojen en el seno de la nada!

 

Valparaíso, 1897.

De Domuyo
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“La pluma”, de Eduardo Talero

 

Como la pluma en sus primeros días

se arrancó del plumaje de las aves,

hoy nos refiere los misterios graves

que vio como viajera de las cumbres

y le dice: Al astrónomo las vías

llenas de polvareda de topacio

que transitan los átomos celestes;

al físico, la hornaza de las lumbres

que en el etéreo espacio

tiemplan la fuerza universal, al viejo

observador, la vida de las frondas

en los bosques agrestes;

le pinta al soñador las tenues ondas

de azul, violeta y grana

en que navega el sol con su cortejo

cuando zarpa al cenit de la mañana;

y al cantor le perjudica en el oído

la música del nido.

 

Si su estirpe es de acero

refiere los misterios sepulcrales

de sus rudos abuelos, los metales,

cuando en el fondo del planeta hervía

en abrupto caldero,

y el oro derretido descendía

entre guijarros de diamante puro

a impulsar los dinamos del futuro.

 

La pluma es hoy el timbre en que se acuña

el oro de la mente,

la metálica uña

que arranca de los nervios vibraciones

la espina de tortura que en la frente

llevan los escritores abnegados

¡arpón para el tirano delincuente!

¡trépano de los cráneos obsecados!

Y puntero que indica las presiones

que ejercen en el alma las pasiones.

 

En la página blanca

es el cáliz sagrado que gotea

la negra sangre que el Misterio brota,

cuando el sabio le arranca

nuevas verdades de la entraña rota.

 

Es la aguja que labra

el pendón que magnífico flamea

en la cumbre radiosa de la idea,

la que teje en estrofas la palabra

y surce los harapos de verdades

que dejaron las viejas sociedades.

 

Es el pico del ave misteriosa

que alumbra con fosfórica pupila

la bóveda del cráneo,

o es electrodo de la roja pila

que prepara en la mente la radiosa

fulguración del genio subitáneo,

o aguja de Pravaz con que se inyecta

nuevo vigor la sociedad abyecta.

 

 

Buenos Aires, 1898.

 

  

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“El tren”, de Eduardo Talero

Es de la industria colosal obrero.                        

Su recia contextura

es férrea y vigorosa;

en su musculatura

de bien templado acero

hay vibración de fuerza poderosa.

Y alimenta la vida en sus entrañas

con negro corazón de las montañas.


Fue del sabio en la mente pensadora

donde meció su cuna;

es hijo de la ciencia bienhechora

y del progreso raudo;

mas quiso caprichosa la fortuna

al mirarle su faz de sombras llena

ceñirle del esclavo la cadena.


Es de la humanidad humilde siervo                                                                

que cual simún de los desiertos vuela,

Recorriendo el espléndido camino

que nos traza la estela

del futuro destino.


Miradlo, ya principian sus faenas;

su alimento devora;

sus fauces ya están llenas;

en su vientre incendiado

rojo carbón crepita;

¡la fuerza se elabora!


Sus músculos de acero se estremecen                                          

y crujen sus cadenas;

su corazón palpita

por creadora fiebre devorado,

y al expirar, exhalan sus pulmones

rugidos estruendosos de leones.


Su bronco pecho de vapor henchido

estalla ruge y grita,

y su lengua metálica se agita

para rasgar el viento

con un hondo gemido

y un postrimer, desgarrador lamento.


Ya como en raudo vuelo                                                                                      

emprende su carrera,

abandonando en el azul del cielo

los rizos de su undosa cabellera.

Y parece al partir vertiginoso

que movido por recios vendavales

apagar pretendiera en un abismo

la fiebre que devora su organismo;

mas como siervo fiel y cuidadoso

vela por los viajeros que conduce

de su cola mullida entre cristales.


En su marcha se escucha,

Puente carretero y ferroviario que une Neuquén con Cipolletti (Río Negro)algo como el metálico aleteo

de un ave gigantesca;

y si en su pecho la fatiga es mucha

su garganta flamígera refresca

con aguas cristalinas,

y sigue en agradable balanceo

cruzando alegres valles

y frondosas colinas.


Viajeros pensativos,

dejan vagar su vista en la llanura,

donde las frescas y móviles frondas

parecen mar de límpida verdura

cuyas revueltas ondas

huyen precipitadas:

y las sierras, del sol a los reflejos

cual costas de ese mar vense a lo lejos

de zafir y de nieve matizadas

entre los pliegues de dorados chales;

y al través de los nítidos cristales,

parece que girara presuroso

de los confines el perfil sinuoso.


Audaz se balancea

Como dice Talero, el tren ha sido un componente trascendental en el desarrollo de la Patagonia. Su ausencia dejó vacíos sociales que aún no se completan.

en el celeste espacio

cuando atraviesa la región vacía;

oh nuevo Polifemo prepotente

en la noche sombría,

la pupila de fuego de su frente

deslumbra y centellea

cual colosal topacio

en combustión hirviente.


Se lanza entre la bruma

hasta llegar del mar a la ribera,

como si refrescar sus pies quisiera

entre la nívea espuma.

Como inmensa serpiente

se desliza enroscado a la cintura

de la roca tangente

hasta ganar la altura;

luego se precipita cual torrente

por hondas cavidades

despertando dormidas soledades.


Taladra las graníticas entrañas

de las agrias montañas

y las más escarpadas cordilleras:

Todos esperamos que se restablezca este importante servicio social.

penetra de las selvas hasta el seno

y con su voz de trueno,

hace temblar a las fieras hirsutas

en sus guaridas hondas,

enredadas dejando en los ramajes

de las viejas encinas,

de su melena de humo grises blondas,

cual vaporosos trajes

o fugaces, undívagas cortinas.


Al llegar, cual intrépido gigante,

al fin de su jornada,

extingue la purpúrea llamarada

de su pecho jadeante,

y en la estación, cubil do se guarece,

el monstruo queda.


Eduardo Talero

Mi agradecimiento a Martha Ruth Talero, querida amiga, que me ha permitido copiar la obra de su abuelo.

Neuquén, 16 de julio de 2010

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Tévez: de Fuerte Apache al Mundo

 

I

Es cosa de no creerse
con su cara de primate:
Tevez, el jugador vate,
puso al ángulo el balón
y el rival, en la ocasión
fue a digerir aguacate.

II

¿Era la pata de dios?
¿Fue un querubín futbolero?
¿O son tendones de acero
que resisten las jugadas
cuando tira las patadas
para voltear al portero?

III

Un poco de cada cosa.
Un tercer gol increíble.
Conmovió hasta lo indecible
la genialidad del Mono
negro villero, un icono,
por su condición humilde.

 

 

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Inseguridad

Todos sabemos que una de las denuncias más acuciantes que hace oir la sociedad es por la inseguridad en que se vive. Por esto, todo el mundo intenta resguardarse de muchas maneras contra todo el resto del mundo: rejas, alarmas, perros guardianes, vigilancia privada, barrios privados … Poco a poco se puede ir comprobando su relativa eficacia, o mejor dicho, su ineficacia.

Por otro lado, revisando en mi recibo de sueldo los descuentos por aportes asistenciales, puedo sumar aproximadamente $ 370,00 cuando soy la única afiliada por la que, en caso de enfermedad, debería responder el ISSN. Doy gracias al cielo porque mi salud me viene acompañando bastante bien, hasta ahora, pero parece ser que de enfermarme, mi suerte cambiaría mucho. Antes todos nos queríamos jubilar por el Instituto; ahora, cada vez miramos con mayor interés o con envidia a otras Cajas.

En otro orden de cosas, me ha tocado batallar con los servicios de comunicaciones, telefonía móvil, conexiones a internet y “demases”. En estos trámites, el cliente usuario experimenta toda clase de educado y distinguido maltrato, a vista y paciencia de los organismos de contralor, que son sólo una calle y un número.

En el cotidiano deambular por las diferentes oficinas no es imposible escuchar explicaciones que dejan al ciudadano en la más absoluta orfandad administrativa: no podemos hacer nada por usted, no tenemos autoridades, nuestra repartición está tomada, vuelva dentro de dos semanas, etc.

Y así se podrían seguir enumerando situaciones en las que el sujeto se encuentra solo, y en la más absoluta indenfensión. Está claro que la inseguridad es un estado generalizado que toma las formas más curiosas e insospechadas para dejarnos, literalmente hablando, en Pampa y La Vía, esperando que nos levante algún tren.

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ZAPALA: ¿UNA CIUDAD EN EL DESIERTO?

 

Segundo congreso de historia

Junta de estudios históricos de San Juan

“regiones ciudades y provincias hacia el bicentenario”

San Juan, 26 y 27 de mayo del año 2009

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El siguiente trabajo se presentó en el evento del epígrafe:

 

JUNTA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LA PROVINCIA DEL NEUQUÉN

 

PONENCIA: ZAPALA: ¿UNA CIUDAD EN EL DESIERTO?

 

Licenciada Sara Eliana Riquelme

 

INTRODUCCIÓN

Esta exposición se encuadra dentro de la propuesta del Congreso de pensar en regiones, ciudades y provincias con motivo del bicentenario. La intención es referir las circunstancias en las que fueron fundadas muchas de las ciudades de nuestra provincia, Neuquén, hacia fines el siglo XIX y principios del XX.

Se ha tomado la ciudad de Zapala, por dos razones: una es que resulta paradigmática como “un pueblo fundado en el desierto, en el medio de la nada”, como se ha dicho de muchas de las ciudades de la Provincia del Neuquén y de la Patagonia en general; y otra es que en torno a su historia se ha realizado, en los últimos tiempos, un trabajo de investigación y registro, en el que me ha tocado participar, que ha dado como resultado la publicación del libro Zapala desafiando al desierto. Período territoriano 1885-1957.[1]

El Concejo Deliberante de la ciudad de Zapala nombró una Junta de Recupero Histórico de tres miembros: Federica Toscani, Mario Argat y Actriz Volk. Los dos últimos fueron designados miembros correspondientes por la ciudad de Zapala de la Junta de Estudios Históricos de la Provincia del Neuquén.  El día de su designación, luego de una emotiva ceremonia, se hicieron los acuerdos que me llevaron a integrar  el grupo con el que comparto la autoría del libro.

Por lo tanto, la historia local referente a la ciudad está basada en las investigaciones de estos miembros arriba mencionados. La recogida de datos, las entrevistas, los viajes a los centros de documentación, la indagación en todo tipo de fuentes, están encuadrados en el marco teórico que propone la historia oral y la historia local, Ésta, a su vez, se enmarca en la historia regional, y en este caso, se siguen las investigaciones de la doctora Susana Bandieri y su equipo, del Dr. Pedro Navarro Floria, las profesoras Gladis Varela, Mirta Teobaldo, y otros destacados profesionales,  en muchos casos, docentes de la Universidad Nacional del Comahue. La literatura publicada como resultado de esas indagaciones ha echado luz sobre la historia de nuestra provincia y  nuestra región, haciendo posible repensar algunos conceptos que habían sido indiscutidamente naturalizados.

 

DESARROLLO

 

La Provincia del Neuquén no puede hacer gala de apropiación del Bicentenario. De los doscientos años que cumple la Patria, sólo puede compartir apenas un poco más que los últimos cien. Su capital actual fue fundada el 12 de septiembre de 1904; la ciudad de Chos Malal, capital anterior, se fundó el 4 de agosto de 1887; y la que se señala como la más antigua es Junín de los Andes, fundada en 1883. Como todos sabemos, esta cruzada fundacional se realiza a fines del siglo XIX, dentro del programa denominado “La conquista del desierto” o “La campaña al desierto”.Y durante mucho tiempo ha sido muy común aceptar como indiscutible la idea de que los primeros asentamientos militares llegaron para poblar el desierto, y  al amparo de éstos irían ubicándose los primeros grupos humanos que conformarían las primeras ciudades patagónicas.

 

El vocablo “desierto”, de hecho, connota una doble significación; por un lado se refiere a un suelo árido,  con bajas perspectivas de desarrollo y escasas posibilidades de vegetación; por otro, remite a lugar despoblado, no habitado por humanos ni seres vivos. Muchos de los escritos de la época, crónicas que dan cuenta del desplazamiento que significó el arribo y la ocupación de estas tierras, por ejemplo, RECUERDOS TERRITORIANOS, de Ángel Edelman, por nombrar sólo uno de los más conocidos en Neuquén, se asientan implícitamente sobre la veracidad de esta doble significación de la palabra: militares, pioneros e inmigrantes llegaban a ocupar un lugar en el que no había nada ni nadie; Llegaban al desierto.

 

Una breve visita al sitio oficial del Ejército Argentino demuestra lo extensa y trabajosa que resultó esta cruzada, con un alto costo en vidas para ambos bandos. Seis mil hombres, organizados en cinco divisiones se desplegaron en forma de abanico y lucharon durante toda la segunda mitad del siglo XIX, llegando a su fin cuando el general  Vintter venció al lonco mapuche Sayhueque, ya casi en los albores del siglo XX. Este sencillo análisis nos muestra que la denominación de la gesta militar lleva en sí misma una contradicción, dado que si la campaña se hacía en un lugar despoblado de todo signo vital, ¿para qué se necesitaba desplazar tantos hombres para vencer al enemigo?[2]

 

Los objetivos del flamante Estado Nación eran amplios y muy variados. El reconocimiento y dominio de todo el territorio era quizás el más conocido, pero no el único. Otro propósito no menos importante y en estrecha relación con el anterior era detener el avance de Chile hacia el territorio patagónico y debilitar la presencia de población chilena en el área cordillerana. Y aquí vale detenerse para referir una serie de condiciones geográficas, históricas, sociales y poblacionales que se conciernen al territorio, como así también la conformación étnica de algunos de sus antiguos habitantes.

 

En la provincia de Neuquén, la Cordillera  de los Andes no se presenta como un gran macizo compacto, sino como una serie de elevaciones de menor altura que las máximas del país, con presencia de boquetes que fácilmente posibilitan  su paso hacia uno y otro lado. Los pueblos originarios, milenariamente habían cruzado por esos pasos del mismo modo que sorteaban cualquiera de los demás accidentes geográficos que abundan en la región; en otras palabras, la Cordillera de los Andes era para los nativos un accidente geográfico más, como la Cordillera del Viento o el río Neuquén, sin que ello significara que se trababa de otro país, por cuanto la división política se concretó mucho después de conformado el Estado Nación, y seguramente demoró mucho más en hacerse consciente en  un grupo de habitantes acostumbrados a desplazarse sin fronteras.

 

Una de las prácticas económicas ancestrales que dieron sustento a buena parte de la población del lugar, a ambos lados de la cordillera, fue la trashumancia. Siguiendo las posibilidades climáticas, familias completas se trasladaban llevando ganado en pie y sus derivados por sobre las rastrilladas, producto de su actividad agrícola ganadera emplazada en los faldeos cordilleranos. Esta práctica, afortunadamente aún se realiza en la Provincia, sólo que dentro de sus límites, y es posible ver a los crianceros con sus  piños desplazarse hacia las zonas altas en verano (veranada) y hacia las bajas en invierno (invernada). Algunos se ven ante la necesidad de comprar  pasto cuando no hay en abundancia y asegurar de ese modo la alimentación de sus animales.

 

 El tráfico cordillerano obedecía principalmente al intercambio de productos propios de cada región; entre tantas otras y como ocurrió en muchos lugares del mundo, una de las mercancías más preciadas fue la sal, a tal punto que así como a los pehuenches les da su nombre el pehuén, los habitantes de las salinas recibían el nombre de ese producto: chaziche, que en mapudugun, mapuchedugun o lengua mapuche, significa “gente de la sal”.

 

Después de la conquista de los españoles, esa práctica no se interrumpió, sino todo lo contrario. Con la introducción de nuevos bienes de cambio, especialmente nuevas especies de animales que se multiplicaban fructíferamente en la gran llanura pampeana ese comercio tomó dimensiones mucho mayores. Desde diferentes puntos de la pampa húmeda el ganado se trasladaba en extendidos arreos cruzando todo el territorio de Este a Oeste, atravesando la cordillera hasta llegar al Pacífico. Las investigaciones muestran, a mediados del siglo XIX, un tráfico de cuarenta mil cabezas de ganado anuales hacia el mercado chileno; se trataba de animales criollos cuya carne era faenada en saladeros para su posterior exportación.[3]  A este rubro principal se sumaban otros como sal, cueros, lanas, plumas, tejidos, y puede uno imaginar, cuanto objeto fuera factible de ser vendido convenientemente.

 

Todo este movimiento de humanos y animales iban dejando huellas en el terreno. Estas huellas se profundizaban por las marcas que dejaban las puntas de las lanzas al arrastrar, lo que les dio el nombre de “rastrilladas”. Las rastrilladas eran los caminos que  los vaqueanos imprimieron en el suelo, señalando los mejores vados en ríos y  arroyos y los valles más convenientes para la pastura durante el largo viaje. Esas rastrilladas fueron en muchos casos las antecesoras de las rutas nacionales, ya que siempre marcaban los lugares más adecuados para  el tránsito por el campo.

 

Este desplazamiento era protagonizado por habitantes de ambos lados de la cordillera, hoy diríamos chilenos y argentinos, pero más específicamente eran nativos y luego de la colonización, mestizos.  Si se atiende a la toponimia se advierte que los nombres en lengua mapuche cubren toda la región central de la República Argentina, en Neuquén, Río Negro, La Pampa y buena parte de la Provincia de Buenos Aires, y también de Chile, aproximadamente en la misma latitud. Por esto no es extraño que hubiera población “chilena” de este lado de la cordillera, y más aún porque en virtud de algunas políticas favorables del Estado argentino en relación con la obtención de tierras para el cultivo y la crianza de animales, sumado a otros factores de expulsión por parte del gobierno trasandino, como fueron la superpoblación rural condicionante de la explotación del campesino con más la tierra en manos de terratenientes, muchos elegían establecerse de este lado, aunque muchas veces asentaran sus hijos en el lado chileno.

 

Esta localización del registro civil se debía, entre otras razones, a una cuestión de distancia del Juzgado de Paz más cercano y a las condiciones en que podían trasladarse hasta el mismo. No hay que olvidar que durante el período territoriano, esto es entre 1885 y 1957, los Territorios Nacionales no estaban precisamente en el centro de las preocupaciones del gobierno nacional por lo que ejercían una muy débil presencia por no decir una ausencia absoluta, y las instituciones se fueron creando en la mayoría de los casos, como resultado de la buena voluntad de algunos ciudadanos, entre éstos, los jueces de paz y los comisarios de tablada.[4] Por lo tanto, es lícito concluir que dicho registro se efectuaría en esas mismas condiciones en épocas anteriores a la Campaña.

 

De manera que en cuanto acercamos la mirada a las formas de organización social y económica hacia el Pacífico antes de 1870, se debilita la idea de “desierto” para denominar el lugar al que llegaron el ejército y los pioneros.  Contrariamente, el Territorio del Neuquén fue visto por el Estado Nacional como un sector cuya preocupación primordial era afirmar la soberanía, no como un polo de desarrollo con inversión de capitales, y dada su posición mediterránea, sufrió desde un principio un aislamiento económico con respecto al resto del país y del extranjero. La campaña al desierto y la aplicación del modelo agroexportador con el consecuente reparto de tierras, generó una ruptura de la antigua organización socioeconómica indígena, al imponer la propiedad privada de los medios de producción  y modificar las relaciones sociales imperantes.[5]

 

La primera ocupación blanca efectiva en el territorio del Neuquén se puso en marcha con la expropiación de los terrenos indígenas y la puesta en valor del recurso tierra, inexistente dicho valor hasta entonces por la propia cosmovisión de los habitantes nativos. El proceso inicial de reparto y apropiación tuvo diferentes modalidades según cada área del espacio regional. Esta etapa coincidió con la ocupación estratégico militar, donde el “fortín” adquirió la forma de elemento espacial. Se trataba de asentamientos humanos muy simples, sin base económica consistente, pero con ubicaciones privilegiadas con relación a la disponibilidad de agua y de tierra. Van tomando forma, así, los primeros esbozos poblacionales que luego se convertirían en las ciudades del desierto: Junín de los Andes (1883), Chos Malal (1887), Las Lajas (1897), San Martín de los Andes (1898), por nombrar sólo algunas. 

 

En todo este proceso no se puede dejar de mencionar la importancia del ferrocarril, otro elemento resultante del modelo agroexportador  que se intentaba imponer. Recién nacido el siglo, en 1902, los rieles llegan a la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, y se extienden hasta Zapala en 1913. La finalidad era conectar la región con los centros de Argentina y orientar el comercio hacia el Atlántico. No obstante, toda esta infraestructura impuesta no logra, en sus inicios, desplazar las prácticas de comercialización social y comercial vigentes respecto de Chile. En el caso de Zapala, el comercio se vio altamente favorecido por esa doble entrada y salida Este-Oeste, a tal punto que en 1920 la ciudad reunía la producción e intercambio de toda la región, cobrando así una importancia inmensamente superior a la que tenía Neuquén, que desde 1904 se había convertido en la capital de la provincia y se situaba en la confluencia, una zona mucho más benigna y apta para el cultivo agrario.

 

Zapala se considera una ciudad de origen ganadero, no por el accionar de los protagonistas de la campaña al desierto o por el modelo económico impuesto por el estado nacional, sino por las prácticas previas a estos dos hitos de la historia. Sin llegar a la metáfora, se puede afirmar que literalmente el destino de esta ciudad marchaba sobre rieles hacia ambos lados del continente. Sin embargo, esta circulación se contraponía con los intereses del flamante estado, por lo cual desde 1922 comienza el proceso de cierre de la frontera por el accionar de gendarmería, lo que se concretaría finalmente en 1938. Asimismo, las medidas proteccionistas aplicadas al comercio en la década del veinte, con aranceles cada vez más altos, sumado a los acuerdos de control de cambio establecidos en 1931 eran los primeros pasos de un plan de gobierno nacional de cerrar definitivamente la frontera con Chile. Todo esto ocurría mientras por parte del gobierno chileno se desarrollaba un plan de repatriación de los ciudadanos residentes en Neuquén, por lo que muchas familias emigraron temporariamente de la región, dado que debieron regresar ante la imposibilidad de resolver allí sus problemas socioeconómicos. Esto provocó la disminución del volumen de cabezas de ganado producidas por la reducción de una generosa superficie de tierras destinadas a la ganadería. Llegaba a su fin el auge de Zapala como pujante ciudad dedicada a la ganadería y al comercio, como resultado de las medidas implementadas por los gobiernos de Argentina y Chile.[6]

Si se estudia hoy el mapa poblacional, se advierte claramente al proceso de urbanización que se ha dado en la provincia, con la concentración de la inmensa mayoría de la población en la ciudad capital. En toda la provincia se cuentan más de  500.000 habitantes, pero de éstos, más de 400.000 habitan en la capital. En el interior, las ciudades del desierto no crecen en la misma proporción.

 

Un proceso similar, ascendente y descendente, sucedió con el ferrocarril, otro de los elementos que caracterizaron la época. Eduardo Talero, Gregorio Álvarez, son poetas que registraron con pasión la llegada de ese gran monstruo del progreso. Y lo fue, durante algunos años, hasta que las malas administraciones lo convirtieron en un medio inconveniente, deficitario, al punto de declararlo obsoleto y quitarlo del paisaje, dejando a los pueblos que surgieron a sus costados en la orfandad e incomunicación  más absoluta.

 

Los románticos de la Generación del ’34 diseñaron el modelo de país que llegó a aplicar las políticas liberales y el modelo agroexportador. Alberdi, uno de sus intelectuales más destacados, dijo “Gobernar es poblar”; pero paradójicamente, las medidas implementadas a fines del XIX para poblar llevaban consigo una paradoja: tenían como requisito previo el despoblar. Todas las acciones de gobierno, a partir de la década del 40,  llevaron a las ciudades del desierto a estar cada  vez más despobladas. Y es así como aún hoy la población de la Patagonia ronda  un habitante por kilómetro cuadrado.

Sarmiento, otro de los intelectuales románticos, bregó por el alcance de la civilización y por la superación de la barbarie; en nuestra región, no pudo cumplir ninguno de sus dos propósitos. Afortunadamente, la barbarie no ha podido ser exterminada y hoy conforma nuestra etnia en un porcentaje mayor que el que muchos estarían dispuestos a reconocer. Y todos estamos esperando la civilización, que se demora mucho en llegar.

 

CONCLUSIÓN

En este trabajo se ha intentado poner en discusión el concepto de “desierto” tan arraigado, como suelo árido, improductivo, y también como lugar inhóspito, desabitado. Hoy, la posibilidad de mirar nuestro suelo desde un satélite nos muestra a Neuquén como una de las provincias con mayores reservas de agua. Con muy escaso trabajo de irrigación, nuestro desierto se ha cubierto de frutales como los desiertos de San Juan y Mendoza se cubrieron de vid. En nuestra provincia, en zonas donde nadie hubiera creído que podría ver crecer vegetación, hoy se cultivan vides o soja. Y con respecto a la población, voy a tomar las palabras del escritor Esteban Valentino y el título de su cuento, que da nombre al libro que reúne las obras de una compilación: nuestro desierto era “Un desierto lleno de gente”. Además, las continuas inmigraciones y migraciones internas han demostrado que es tan extenso que con comodidad hay lugar para todos.

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

Susana Bandieri, “Ampliando las fronteras: la ocupación de la Patagonia”, en El progreso, la modernización y sus límites (1880-1916), Nueva Historia Argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 2000.

 

Bandieri, Susana, “Del discurso poblador a la praxis latifundista: la distribución de la tierra pública en la Patagonia” CEHIR – UNCo CONICET disponible en internet http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar:9673/mundo_agrario/números/número11

 

Expediciones y campañas al desierto. (1820 – 1917) Sitio oficial del Ejército Argentino disponible en dominio:  http://www.rs.ejercito.mil.ar/contenido/Estructura/Nro651/Revista/histomili.htm

 

Navarro Floria, Pedro y otros, El gran libro de la Patagonia, Buenos Aires, Planeta, 1997

 

Teobaldo M. y García A.B., “La educación entre la inmigración y el nacionalismo” 1884-1930 pg. 169 en Sobre maestros y escuelas. Una mirada a la educación desde la historia. Neuquén 1884-1957, Rosario, Edit. Arca del Sur, 2000.

 

 

Varela de Fernández, Gladis, “El comercio en el territorio del Neuquén entre 1893 y 1902”, Boletín del Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Comahue, Julio-Diciembre 1984.

 

Volk, Toscani, Argat y Riquelme, Zapala desafiando al desierto. Período territoriano 1885-1957, Cipolletti, Gráfica Parigiani. 2008

 

 


[1] Volk, Actriz y otros, Zapala desafiando al desierto. Período territoriano 1885-1957, Cipolletti, Gráfica Parigiani. 2008

[2] Expediciones y campañas al desierto. (1820 – 1917) Sitio oficial del Ejército Argentino disponible en dominio:  http://www.rs.ejercito.mil.ar/contenido/Estructura/Nro651/Revista/histomili.htm

 

[3] Navarro Floria, Pedro y otros, El gran libro de la Patagonia, Buenos Aires, Planeta, 1997, pg. 571.

[4] Teobaldo M. y García A.B., “La educación entre la inmigración y el nacionalismo” 1884-1930 pg. 169 en Sobre maestros y escuelas. Una mirada a la educación desde la historia. Neuquén 1884-1957, Rosario, Edit. Arca del Sur, 2000.

[5] Bandieri, Susana, “Del discurso poblador a la praxis latifundista: la distribución de la tierra pública en la Patagonia” CEHIR – UNCo CONICET disponible en internet http://www.mundoagrario.unlp.edu.ar:9673/mundo_agrario/números/número11

[6] Varela de Fernández, Gladis, “El comercio en el territorio del Neuquén entre 1893 y 1902”, Boletín del Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional del Comahue, Julio-Diciembre 1984.

Segundo congreso de historia

Junta de estudios históricos de San Juan

“regiones ciudades y provincias hacia el bicentenario”

San Juan, 26 y 27 de mayo del año 2009

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Este trabajo fue presentado en el evento del epígrafe:

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“Quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”

A muy poco del centro de Merlo, poesía e historia se hermanan en medio de la naturaleza exuberante. El frescor de los árboles, la hierba abundante, el canto de los pájaros y el aroma de todo ese conjunto disponen los sentidos. El paseo sugiere un recorrido al caminante mientras los versos de la Cantata del Algarrobo Abuelo se van desplegando en sucesivas entregas, pintadas en sendos pergaminos de colores al costado de los senderos.

De Algarrobo abuelo.

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Tsunami

tsu01

                                                                                Génesis 9: ” … Y acordarme he del pacto mío

                                                                                 que hay entre mí y vosotros y toda alma viviente

                                                                                  y toda carne; y no serán más las aguas por

                                                                                  diluvio para destruir toda carne. … ”

TSUNAMI

Incrédulo, contempló una vez más la nueva ira de dios, mientras la promesa de siete colores ponía un bello marco de luces al desastre.

 

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14 de febrero, 2009

Para Damián, gracias hijo por el trabajo con la imagen.

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